17 Aug
17Aug

En fechas recientes hemos dado muerte al meme, lo que no ha significado un refreno total a su producción si no una diversificación y desbordamiento de sus representaciones comunes e hilarantes. 

La hyper memética se ha encargado de exhumar el cadáver memético y desfigurarlo a niveles indecibles. 

La hyper memética es el mazo y el cincel que fragmenta las fronteras entre este  mundo y el cauce alienígena.



Líneas de descomposición 

Praxis hyper memética 

¿A qué clase de infiernos es lanzado un cuerpo cuándo muere? 

¿Qué desastre retuerce sus entrañas transformándolas en tormenta y laberinto? 

¿Cómo se expandió la sórdida atmósfera que asfixia los sentidos? 

Arrastrarse fuera del paraíso. Ennegrecer las uñas con carroña disputada entre  larvas. El crecimiento informe y mutante que expulsó nuestras mentes de la  parsimoniosa animalidad. 

El surgimiento de lo que se denomina pensamiento. Desgarrar los tímpanos con el  susurro de la hostilidad. Los poros transformándose en madrigueras del miedo y, sin embargo, en cada momento, a cualquier oportunidad, dejarse llevar por la fascinación de la monstruosidad. 

El horror existe como un coloso en  descomposición, más antiguo que el universo. El pensamiento se hincha como sanguijuela alimentándose de sus adentros. 

Se descomponen partículas letales de otros espacios, de otros tiempos. Se engendra lo antinatural, la extrañeza. 

Afluencias tóxicas marean la existencia. 

Lo espeso, lo ruidoso y lo enfermo desatan su furia en las invenciones decadentes  de este mundo cruento. 

Desde su nacimiento, la imaginación inscribió sus líneas en un ascenso al desastre. 

Ella se instauró surcando este mar feculento y exacerbado, pertrecho de olores espesos y tremebundos, que tan pronto como fueron experimentados, arremetieron provocando el delirio. El nimbo celestial se había extraviado, yacía cómo un astro  muerto en medio del Thalassal enfermo. 

Se engendraron las ideas, marchan las ficciones en salvajes movimientos. 

Efervescen perversas danzas propagándose mediante la imagen. Su torrente  semiótico fertiliza parajes extraños de los que brota irascible la producción  inhumana. 

El pensamiento es un virus inmune a la preservación. 

La inteligencia que lo produce tiende al infinito y ningún organismo pusilánime  podría extinguir su fuego. Es un dragón, una vértebra cósmica que se lanza al precipicio. Si llega al borde es para comérselo. El límite se ve carcomido en sus exhaustas líneas de defensa por este desastre, se contorsiona. Agoniza, el límite es dolor. Está presente en la existencia como un estertor débil y convulso. 

Si este tiempo, si este sol tiene límites, el pensamiento los torcerá, los volverá contra los cuerpos que preservan, a los cuales desgarrará, se harán horrendos. 

Entonces 

no es de sorprender que todas las ideas, con el suficiente ejercicio de especulación, 

puedan ser llevada a los rincones más extraños de ella misma. Se conducirán hasta  donde la palabra se aniquila. A las ruinas donde la imagen es crucificada. 

La mente se derrocha en caminos corruptos y retorcidos a una velocidad sin precedentes, en una avanzada de degeneración sin fin. 

Aun en las teleologías, en lo pío e impoluto, en los conceptos que se aglutinan para explicar el progreso y la seguridad se pueden rastrear agujeros incubando veneno, listo para ser derramado en lenguas que sólo saben proferir injurias. 

Hay en esta maquinaria un desenvolvimiento estremecedor, saturado de aberraciones que se catapultan al exterior, al cauce alienígena. 

El cielo desfallece, miles de alimañas se elevan amontonadas en dirección a la extinción, el zumbido de sus alas membranosas abre el vientre empíreo del que son expulsados los más bellos y transparentes ángeles, solo para ser arrebatados de la existencia y servir de atavío a la muerte. El milagro se transforma en cadáver. 

Al entendimiento, conocimiento y razón, le atraviesa la perversión. No hay descanso ni tregua en este movimiento que una vez iniciado es imposible contener. 

La especie no es la única merecedora de esta fiebre, la inteligencia se mantiene en propagación múltiple de variación y organización. Sus atributos son numerosos, entre ellos el sentido y la percepción. Los cuales siempre pueden tropezarse de cara a lo anormal, sobre todo cuando distinguen xenointeligencias que alteran los códigos de ordenamiento. 

En ese tipo de eventos la pareidolia se irrita ridículamente, por todos lados se erigen sombras extrañas imposibles de relacionar a un ser determinado, se escapan a todo signo y experiencia, sisean arrítmicamente jugueteando y adentrándose en el fango de lo inconcebible. 

Podemos soltar una carcajada demencial gracias al entendimiento de que nuestro pensamiento, y la percepción que conlleva, no han hecho más que habilitar nuestro acceso a los horrores, a los cuales somos arrastrados incesantemente. 

Reír hasta la aniquilación. 

De este calvario nefando se sustraen prácticas enemigas y abyectas. La cultura se  vierte en letrinas donde se le escupe y se le arruina. Ese es el espectáculo de la sociedad. Donde todos sus habitantes tienen la suficiente fuerza para atentar contra todo tipo de existencia, de transformarse en mendigos, rapaces, malditos y ferales. 

Es tan vertiginosa dicha catástrofe que la humanidad se pierde inmolada y  pisoneada en medio de esta guerra. Si sobrevive algo, es el impulso destructivo, que infectará los límites hasta hacer de ellos una masacre. 

Bajo estas consideraciones, podemos mostrar nuestro modelo: La praxis hyper memética. 

La imaginación con memes llevados al horror. La producción de memes lanzados al exterior, fracturando los límites y dejando que lo imposible erosione nuestras vistas. 

Fincar este sistema ha requerido de la muerte del meme como muestra de dicho ejercicio degenerativo. Si el meme murió y cabe preguntar quién le dio muerte, la respuesta será: El pensamiento hyper memético. 

La praxis hyper memética consiste en el rapto de los avatares meméticos para luego descomponerlos, trabajando en oleadas que obliteran cualquier rasgo de comprensión. La hyper memética desdobla los cuerpos, pues estos no son más que la interrupción de un flujo continuo, hay que desmembrar. 

El hacer hyper memético busca y gesta el encuentro con lo extraño mediante el meme deformado como vehículo de xenodatos infecciosos que saturan y corrompen  esta realidad. 

Armadxs hasta los dientes, escarbamos hondo en las entrañas jocundas del meme. 

Siempre hemos sido famélicos perros en busca de qué morder. Hacemos de sus pliegues carroña para que las moscas rapiña se deleiten en necrótico manjar. El procedimiento repetitivo de nuestra protervia ablanda lo magro y lo óseo del meme, se mezcla en una miel amarga que produce una nueva profundidad. 

El meme devenía objeto, el post meme devenía función, el metameme devenía evento y el hyper meme deviene región. 

El hyper meme es una zona de guerra; su clima y atmósfera dependen de los trazos y líneas que componen a la imagen y que luego son descompuestos debido a la complicidad alienígena y a la balística que derrocha el pensamiento. 

El hyper meme no es ni objeto ni función, es un ritmo, un área. La industria visual pierde el significado ante la transformación en territorio, más que entender, es habitar. 

La hyper memética no es una práctica con finalidad o principios, es una inclinación por la descomposición y por el apetito de anidar en las concavidades del meme. No existen para sus hyper memes fronteras o límites subyugados a la carcajada inocente. Más que caracterizarse por una potencia creadora son la continuidad de lo informe. 

Mientras que en un plano general es posible agrupar a los memes mediante plantillas, la hyper memética descompone cada una de esas plantillas e imágenes, fragmentándolas y yuxtaponiéndolas, destruyendo la posibilidad de ubicarlas en sistemas de organización. 

La hyper memética se dilapida en la hyper especificidad de una plantilla, la multiplica en complejos indeterminados. 

Para la hyper memética cada meme es único y única debe ser su corrupción. 

En lugar de la identificación y filiación, esta práctica actúa mediante la infección y  putrefacción. Se abre paso a la diferencia indiferenciada. 

Maquinando hacia la desviación, el hyper meme se disemina como una gran mancha de pulsos y volúmenes que escapan al aprisionamiento 2D, no para salir de la digitalidad, si no para extenderla. 

Vamos a producir más deshechos. Queremos del hypermeme su complicidad con el afuera y que el afuera reviente desde la pantalla. 

La mente y el meme han pactado un maridaje con el infierno. 



antimemoria_____

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