03 Oct
03Oct

Las líneas de una antropología oscura se basarían principalmente en descentrar a su objeto fundacional: el ánthropos.


Escribo esto bajo el delirio causado por una disciplina que me ha conducido por recovecos borrascosos, algunas veces desesperantes y otras veces hastiantes. Deduzco que las condiciones que propiciaron dicha percepción se originan y replican en fundamentos intrincados en un academicismo histórico pestilente.

Antropología Oscura es mi primer texto o atentado contra este cuerpo que urge por ser exhumado hasta la desfiguración.


Una antropología oscura no está al servicio de "nadie" porque reconoce la limitante del "alguien" subjetivado (rostrificado) que no permite acceder a la otredad autoproducida. Dentro de la antropología previa todxxxs son "alguien" y "otrxs". Está distinción debe ser erradicada pues se presta a verticalizaciones posibilitadas por el poder detentado.

"los primeros análisis son, o deberían ser, tan impersonales que las relaciones llamadas humanas no se pongan en juego. El primer contacto no es ni personal ni biológico" (D&G, 1972)

La antropología oscura hace manifiesto su alcance expreso y único a los destellos que las sombras permiten fugar. Ningún objeto jamás ha sido estudiado dentro de su sombra y querer alcanzar lo que ella oculta es símil a echar luz sobre un alien como declara Mnemo (2022). Lo mejor es saberse un borde, una deformidad, una posibilidad dentro de las infinitas que la sombra oculta.

La antropología oscura solo conservará el prefijo de su nombre y la capacidad de asombro que en formas sistematizadas permite llegar a conocimientos incisivos y profundos, incluso tendiendo la cuerda más allá de los agujeros donde cavó la filosofía. 

La antropología oscura cataliza el delirio y la fijación interrumpida de ser asaltadxx por los contornos lumínicos de las sombras, sin que tales destellos representen una constante. Muchas veces se navegará entre espesas y negras nieblas.

La antropología oscura reconoce que su antecesora ha puesto ojo únicamente en poco menos que residuos de archifósiles. Y, sin embargo, reconocer que solo se ha accedido a un rostro, fruto del colapso e interrupción de los devenires, orilla a pensar que todo objeto desprende potencias que requieren ser experimentadas desde xenopercepciones.

La antropología oscura maldice la ingenuidad de sus antecesores que, en un empeño por apropiarse de la extrañeza, han liquidado la diferencia en pos de una rostrificación hegemónica y violentamente sistemática.

Las etnografías surgidas en los albores de la disciplina solo han podido ser posibles a empeño de sobornos, mentiras, exotización y desprecio. 

La etnografía y práctica actual no es muy distinta de los lamentados esfuerzos del pasado: actualmente se sigue buscando drenar la diferencia, generar relaciones de poder basadas en la simulada ingenuidad de la retribución, todo para finalmente hacer recaer esta dinámica en círculos elitizados, que son sellados contra los ataques de toda exterioridad que podría infectar sus famélicas aspiraciones.

"la historia de la diferencia ha estado más centrada en la prueba de la experiencia y del hecho diferencial, más que en el análisis de cómo se establece y opera dicha diferencia. " (Gómez, 2018)


El prefijo que determina el nombre de la disciplina, la ha cegado y orientado hacia espasmos de grandeza. Incluso ha hecho olvidar que sus orígenes y desarrollo solo han sido posibles a partir de la colocación estratégica de un ánthropos sobre la alteridad.

A día de hoy, la situación no es muy diferente: el ánthropos se mantiene como fundamento irremovible de los estudios vigentes. Si se ha logrado extender hacia dilucidaciones aparentemente más críticas no es porque el ánthropos sea más incluyente, sino que ha logrado fagocitar más elementos que le permiten hacer menos visible la exclusión y de este modo seguir hegemonizando y conquistando territorios.

Las orientaciones futuras deberán partir fuera de un ánthropos y tener el valor de desmantelar el blindaje antropomorfo, que deje ver las masas y sustancias alienígenas que determinan y poseen a los cuerpos sometidos: sometidos a un cauce espacial-infeccioso.

La forma de navegar en el estado de la existencia y a-xistencia es posible mediante la infección, la agujeración, exhumación y sometimiento a la rasposidad teratológica que flujos efectúan mediante encuentros esquizoides.

Toda tarea antropológica siempre ha sido teratológica, solo que los "padres" (en el sentido más despreciable de la palabra) de la disciplina han negado tal efecto en sus investigaciones.

Una antropología oscura reconoce su potencial teratológico, deformado y deformador. Este solo proceso (deformación mediante contacto) es de por sí un valioso hecho posible de ser analizado.

Una vez puesta sobre la mesa esta cualidad, se dará cuenta de que el potencial de deformidad no le pertenece únicamente al ánthropos alelado, sino que toda materia, sustancia, flujo, luz/sombra y forma axistente deforma y se deforma a sí misma mediante la presencia simultánea.

Dicho esto, se entiende que la deformidad es un potencial a analizar y criticar que no requiere de un ánthropos o punto específico. De la antropología solo se conservarán prácticas eficaces propuestas por sus ramas físicas, arqueológicas y sociales (siempre y cuando se orienten fuera de la antropocentrización) que pueden conjuntarse en un esfuerzo de aproximación a toda forma fuera de lo impuesto.


La antropología oscura discutirá y refutará a todas las antropologías cobardes que, por temor a dejar el bastión que las limita, han dejado de lado análisis de mayor envergadura por complacer su onanismo narcisista.

La antropología oscura no contribuye en sentido humano, contribuye en sentidos infecciosos a seguir deformando objetos y estar al tanto del proceso de deformidad, lo cual permite diversificar dicha cualidad.

No hay más humanos y, si los hay, solo serán como agentes teratológicos sujetos a otros agentes en un choque no privilegiado y que disuelva cualquier intento de expresión dada desde la posición "sujetos". La antropología oscura disolverá el dominio de la monumentalizada figura del "antropólogo": detrimento viciado en su cueva de la que se ilusiona en salir, en lugar de escarbar dentro de la misma (escarbar da la posibilidad de encontrarse con los cadáveres de Dioses necróticos). 

"nada es más maliciosamente fértil que la carroña de Dios." (Negarestani, 2008)

La antropología oscura es enemiga del antropólogo. Lo que escribe es desde las sombras y jamás desde la certeza, solo desde el afecto de ser afectada. Hordas desquiciadas azotan sus dientes y lenguas en ritmos impronunciables que luego son inscritos en representaciones visuales aborrecibles para el ojo curioso del pseudo explorador. La mirada antropológica no soportaría jamás el alumbramiento retorcido de formas vedadas a su entendimiento. Aún más, la figura del antropólogo se sorprenderá y enloquecerá al darse cuenta que la extrañeza nombrada no proviene de un exterior al que se tenga que viajar. La extrañeza, lo espantoso, está presente en todos lados, no es necesario ir muy lejos para entender la posesión de flujos insiders en el interior de la axistencia.

La antropología oscura deshecha la etnografía entendida en sus dos prefijos pobres (etnos y grafía) y que ignora los demás sentidos solo por ser muy poco capaz de agenciarse a la aceleración tecnológica que trae consigo la experimentación y captación desde la imagen, el sonido y muchas otras formas más útiles y eficaces que la escritura delimitada a un marco étnico.

La antropología oscura niega y le da poca relevancia a la construcción previa de la "ética antropológica" y sus burdos aparatos aproximativos, prolijos e ingenuos que mediante categorías tales cómo "antropología de lo desagradable", "de la violencia", "de grupos minoritarios" solo remarca una diferencia devenida de su ojo centrista y aplanador. Es esta ética la que decide qué es desagradable en cuanto dichos elementos así catalogados desestabilizan los intereses de sistemas de poder tales como estados con carácter represor.

La antropología oscura no tiene ética, no hay nada que le pertenezca más que la consciencia de la deformación. En ella no hay divisiones ni conexiones conjuntivas, puramente la afección y el potencial de disyunción.

La antropología oscura comienza enterrando los arcaicos mandamientos y deshaciéndose de las cargas poco reaccionarias que conlleva su prefijo, trabajando por perforarlo mediante críticas y atentados para finalmente llegar a la disolución del ánthropos y concretar un campo de estudio denominado

Xenologia.


Antimemoria, desde el Xterior.






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